Mandronius, un gigante de leyenda

La Val d´Aran es una tierra de leyendas. No cuesta mucho imaginar que en entre estas montañas de antaño pudieran existir una serie de hombres fuertes y rudos que vivieran soportando las inclemencias del tiempo y los ataques enemigos.
Así nace la historia del Gigante Mandronius, que comienza asi:
“Allá lejos y hace tiempo, existió en la Val d´Aran un hombre enorme, de unos 3 metros de altura, que comandaba las antiguas tribus del valle en su lucha contra los romanos. Se caracterizaba por su extraordinaria fuerza y su carácter incorruptible. Pero también era conocido por su bondad.
Vivía en una cueva de Betlán, y se había enamorado de una aranesa con quien tenía una hija.
Este “hombre – gigante” era el estandarte fundamental de la defensa del territorio contra sus atacantes. Y los romanos no sabían cómo hacerle frente. Por esa razón, decidieron tomar de rehenes a su mujer y a su hija, a sabiendas de que ellas eran el punto débil de aquél implacable defensor de estas tierras. Sin embargo, nunca imaginaron cuál sería su suerte…
Mandronius se enfureció tanto con el secuestro de su familia, que arrasó el campamento romano rescatando a sus mujeres. Como tenía buen corazón, perdonó la vida a sus enemigos pero mandó a cortar una oreja a cada prisionero para enviarla a Roma en señal de advertencia.
A mediados del siglo XX, un hombre que sembraba patatas, encontró su enorme esqueleto. Y dicen que su calavera se guardó en la iglesia de Garós durante años. Se creía que la reliquia era capaz de curar y fortalecer a los niños.
¿Pero cómo murió este hombre que era tan difícil de derrotar para los romanos?. Algunos cuentan que pasó sus últimos días junto a su familia. Otros, una triste historia de traición. Dicen que algunos vecinos le temían tanto por su fiereza que encontraron en él una amenaza y se unieron para matarlo. Luego de una cruel lucha lograron derrotarlo y maniatarlo. Y el gigante ordenó a su fiel sirviente que lo matase clavándole un clavo en la nuca, para mantener su honor”.
Sea cual fuere su cierto final, nosotros decidimos recordarlo como un “hombre-gigante” que amó a su familia y a su tierra, que fue fiero en su defensa y de carácter incorruptible. Y cuya historia alimentó las ansias de protección de los niños de esta Val d´Aran, repleta de leyendas.

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